Entrevista a Fernanda Solórzano: cómo criticar cine (para los mortales que no lo estudiamos)

Por: Gallo Molina (joseantoniomolinavega@gmail.com)

¿Cómo defiende uno que en una película, aparentemente lenta, sí están “pasando cosas” aunque para muchos resulte insoportablemente soporífera? ¿Qué opinar cuando un filme despierta tanta especulación? ¿Cómo mirar el cine si nunca estudiaste nada relacionado con él?

Entrevisté a Fernanda Solórzano para conversar sobre cómo analizar, discutir y apreciar una película, en especial aquellas que no —siempre— comienzan con una tira cómica y el logo de Marvel en pantalla.

¿Quién puede criticar cine?

El cine no nació como arte sino como entretenimiento. Suena un poco pedante la idea de que solo algunos pueden hablar de cine cuando está hecho para todos y a todos nos puede o no gustar una película. Eso abre otra discusión respecto a quienes hacemos crítica de cine: ¿quién nos legitima para ello?

Actualmente no existe en México una licenciatura tal cual para convertirse en crítico de cine. Fernanda estudió letras latinoamericanas, y le gustaba escribir ensayos sobre el cine que veía: “creo que, algo que aplica para muchos críticos, es que en el momento en el que decidimos hacer crítica de cine nos volvimos autodidactas.

Nos dimos cuenta de que no podemos simplemente decir: “pues quiero opinar” sino tener conocimiento de un montón de cosas que se habían estudiado respecto al análisis de una película, la propia historia del cine, otras corrientes que se complementan, es decir, algo que más o menos nos permitiera ver una película no nada más desde el gusto, que el gusto además es algo de lo que no nos podemos desligar, es algo muy personal. Yo te puedo decir que a mí me gustó tal película y a ti no, y ninguno de los dos tiene la razón. El gusto es, quizá, uno de los factores que influye en cómo alguien hace crítica de cine pero que, para quienes nos dedicamos profesionalmente a eso, intentamos que nuestras fobias y filias personales no nos impidan ver virtudes de una película”.

Hablar de cine siempre se va a definir desde dónde uno está parado, porque no es lo mismo conversarlo siendo crítico y, por ende, teniendo una visión más amplia de lo que compone a una película, a ser un espectador que se basa en el disfrute. Fernanda puso esta comparación sobre la mesa:

“Me parece que, a veces, las conversaciones entre quienes se dedican a criticar cine y quienes no se vuelven un poco sin sentido. Porque, vamos, estamos hablando desde lugares distintos. A mí todo el tiempo me pasa que mis vecinos me dicen: “ay, es que tal película me encanta”. Entonces tengo dos opciones, ponerme en plan: les voy a decir por qué no es tan buena, aunque no me lo están pidiendo, solo me están pidiendo conversar. Pero, si me piden mi opinión, yo les pediría una mente un poco más abierta”.

¿Cuál es la diferencia entre criticar cine y criticar una película? Porque pareciera que todo el mundo espera que el crítico le diga qué ver y qué no:

La crítica de cine no es algo que te va a decir ve al cine o no vayas al cine. O sea, no es la última palabra. Es una conversación: con qué está conectada, hacia dónde tiende puentes, con qué otras disciplinas tiene parentesco, y a veces puedes ver cómo en una película todo eso está muy bien logrado y, a veces, cómo ni siquiera aspiró a eso, y es muy evidente cuando una película solo quiere tener espectadores.  


Estamos acostumbrados a que el cine resuelva las cosas, que nos deje con un mensaje tajante, que no nos ponga a pensar más de lo que nos pudiera poner a pensar

Eso es algo que respondo negativamente casi siempre, cuando una película es muuuuy obvia, es decir, “¿qué es lo que seguramente le va a gustar a más gente? Lo que seguramente le reafirme los valores que todo el mundo tiene. O que le ofrezca una solución a algo que, en la vida real, no tiene”. Por eso ves a la gente y a los críticos peleando, cuando nos dicen “es que son muy amargados porque no les gusta lo que les gusta a todos”. Pero es que estamos hablando desde otro lugar.

Platicaba con una amiga a la que no le gustó The Favourite porque tiene un final muy insatisfactorio. Y es eso, estamos acostumbrados a que el cine resuelva las cosas, que nos deje con un mensaje tajante, que no nos ponga a pensar más de lo que nos pudiera poner a pensar. Y claro, The Favourite tiene un final que dices “aquí no hay castigos, no hay villanos y no hay héroes”.

Creo que, en The Favourite, es más importante el trayecto que el destino.

Y es un tono que no tiene que ver con el de las películas históricas. Al haber películas que no dan este mensaje claro, un clímax y una resolución favorable, pareciera que ¿para qué existen? Y entra la pregunta: ¿para qué sirve una película? La mayoría de la gente cree que para que te haga feliz o te saque de tus problemas. Respecto a criticar cine o criticar una película, me parece que tiene que ver con que la palabra “crítica” está mal entendida, y tiene que ver más bien con establecer una conversación, y dejar incluso puntos de ambigüedad, no simplemente decir “me gustó” o “no me gustó”. Se vale hacerlo, pero yo creo que a ti no te va a servir si no paso de eso.

¿Cómo sabes que una película es buena?

Creo que cuando te das cuenta de que es congruente con su propio universo. Hay veces que una película te puede gustar, aunque sea imperfecta, porque te das cuenta de que hay una búsqueda dentro. Hay veces que, las películas “perfectas”, responden a esa fórmula que creo muchos críticos rechazamos que es: “en el acto 1 metes tal cosa…” Entonces creo que, para nosotros (críticos), las mejores películas son las que tienen una identidad y búsqueda propias y que puedan renovar la forma de hablar de un tema. Notas cuando una película está intentando abrirse más allá de ella misma, no está simplemente respondiendo a un manual o a lo que sabe va a ser un buen resultado en taquilla.  

Incluso hay películas, como Green Book, que a mí no me gustan. Pero no me gustan no es nada más porque “crea que la corrección política está ganando en Los Oscar” sino porque creo que es una película que quiere denunciar el racismo mientras que, a la vez, está escondiendo lo que es doloroso del racismo. No es nada más que el personaje no pudiera comer o cenar en algunos restaurantes, es que linchaban a los negros y los dejaban colgando en las carreteras. La película te evita eso, entonces realmente es como querer entrarle a un tema y no entrarle.


Es inevitable que cada quien, dentro de su propio imaginario, construya la historia que querría ver

¿Cuál es más importante en el cine: fondo o forma?

Tocas un tema bien importante. Vivimos en un momento de la industria en donde se crea un aparato de publicidad alrededor de cada película, que no es culpa de ninguno de nosotros tener expectativas, es casi imposible no tenerlas. Es inevitable que cada quien, dentro de su propio imaginario, construya la historia que querría ver.

Pasa con Roma, inevitablemente, que dicen que está sobrevalorada. ¿Sobrevalorada con respecto a qué? Es decir, me pasa que veo las películas de ciertos festivales antes de que se estrenen. Algunas me gustan y otras no. Y cuando se estrenan es como si fuera otra película, en el sentido de cómo se promueve y que ya se construyeron diez historias paralelas de ella. Yo creo que era mejor el mundo cuando las películas no se anunciaban tanto.   

Le permitía a cada quien descubrir la película por sí solo, ¿no?

Sí, sí, a mí me pasa, y es una paradoja, que no me gusta que me estén diciendo “¡tienes que verla!” Cuando la veo ya estoy programada para encontrarle problemas. Y me choca que me pase eso porque estoy cayendo en mi misma trampa. Me veo en la necesidad de tener que demostrarle a la persona que me la recomendó por qué no es taaan buena.

Tal vez si te hubieras topado con Cold War en un cine, sin que nadie te hubiera hablado de ella, porque tal vez no quedaban boletos para otra, probablemente te hubiera gustado más.

Me pasó con Shoplifters. La fui a ver y mi única referencia era que había ganado la Palma de Oro. Fue la primera vez que fui al cine yo sólo y resultó una experiencia muy bella.

Y no tienes como la necesidad de opinar de ella de inmediato. Creo que eso es muy intrusivo a la hora de ver una película. Yo por eso evito decir “te va a encantar”, porque no puedes decir eso, ¿no? Cada quien llega a ver una película con una biografía propia y un estado de ánimo, hasta lo que hiciste en ese día influye para una película.

Una cuestión que me hace sentir sumamente dubitativo es por qué nos llaman la atención ciertos aspectos de una película pero otros no. Por ejemplo, la fotografía por sobre el guion; la edición más que las actuaciones. ¿Una buena película es la que combina perfectamente forma y fondo?

Generalmente sí. Cuando alguien te dice “esta película tiene una fotografía preciosa”, ¿por qué no te llamaron la atención otros aspectos? Digo, te pueden llamar la atención todos por separado, pero cuando uno brinca mucho más que otro ahí hay un problema de formalismo, ¿no? Hay películas que tienen un guion muy interesante pero no una propuesta formal, y te quedas pensando “¿cómo se pudo haber contado esta historia de manera que te moviera alguna otra fibra que no fuera nada más la historia misma?”

A veces una película no logra ser redonda en ese sentido pero notas detrás una lucha muy interesante. A veces es una escena o el desempeño de un actor lo que salva una película. Una película es buena cuando está viva, cuando tiene voces detrás que quieren tocar alguna fibra; a diferencia de las que nacen muertas, que son “perfectas” y maquilladas y de 400 millones de dólares pero van a ser sustituidas por la siguiente con una buena campaña de publicidad. Nacen para el consumo. Cuando la viste ya hubieron veinte iguales y habrá otras veinte.

Este año vi Lost in Translation de Sofía Coppola, y me sucedió algo de lo que creo nunca había sido consciente: sentí más de lo que pensé. Todos hemos visto películas que nos llevan a la reflexión, u otras que nos hacen experimentar muchísimas emociones. ¿Una película es lo que nos hace sentir o lo que nos hace pensar?

Es muy buena pregunta, yo creo que no están divididos. Los sentimientos, cuando son muy fuertes, siempre intentas darles una explicación, en la vida y en las películas, porque si no te rebasarían. El cine de Koreeda (Shoplifters) es muy emotivo, tiene una mano tan sutil para tocar emociones profundas sin chantajearte y, sin embargo, llega un momento en el que dices “a ver, ¿por qué esta película me pudo provocar tal emoción?” Bueno, tal vez porque ves que hay una confusión en el mundo ahora respecto a lo que constituye a una familia, ¿no? Se desacredita a quienes no constituyen una familia como tal.  En fin, llegado un momento, aunque al principio una emoción te desborde, se aterriza si no en teorías, en reflexión. Y una película que está tirando más hacia el lado intelectual, si no te emociona no va a dejar mucha huella en ti.

¿Con qué mirada deberíamos de acercarnos al cine menos mediático?  

Con apertura, deshaciéndonos de la idea de que el cine siempre tiene que provocarte algo positivo o feliz. Se ha entendido durante mucho tiempo que el cine debe dejarte contento, o convencido de lo que tú ya pensabas. Muchas películas no cumplen con eso y por eso la gente se decepciona de ellas. Es lo que pasa con muchas que no dan respuestas contundentes o que no te hacen sentir que todo va a estar bien. Tal vez el cine no te va a hacer feliz en ese momento pero, si lo procesas, te va a dar una perspectiva del mundo que, a fin de cuentas, sí te va a permitir existir en el mundo de una forma menos conflictuada.


Se ha entendido durante mucho tiempo que el cine debe dejarte contento, o convencido de lo que tú ya pensabas. Muchas películas no cumplen con eso y por eso la gente se decepciona de ellas

Y revisar nuestra idea del entretenimiento: ¿qué es lo divertido? Para mí lo aburrido es cuando ya sé qué es lo que va a pasar. Hay un tipo de cine en el que no necesariamente hay acción en pantalla, pero eso que no está pasando y que parece tan trivial te está haciendo sentir algo, a veces incomodidad, y eso es lo importante y lo que tienes que observar. Por ejemplo la escena en Roma de Cleo apagando las luces de la casa. Parece que no pasa nada pero, si te abandonas a la película, te puedes dar cuenta de que ella tiene ese papel tan central de ser la encargada de apagar la luz de “la vida” de esa familia, que puede apagar diez luces pero no tiene permitido prender una, la de su cuarto. Esa escena tan “larga” tiene un significado, y si te abandonas a entenderla te va a revelar más que otra repleta de gritos, diálogo y demás.

Estar abierto a un cine que, a lo mejor, no te va a dar toda la información, ni toda la satisfacción, ni toda la seguridad de tu zona de confort pero que, a lo mejor te revela cosas que te harán cambiar tu opinión sobre algo para siempre.

Fernanda Solórzano es crítica de cine. Escribe para Letras Libres y conduce, para la misma revista, el videoblog Cine Aparte. Colabora en el noticiero Atando Cabos con Denise Maerker. Participa en el programa Encuadre de TV UNAM. Forma parte del comité de selección de películas del FICM (Festival Internacional de Cine de Morelia). Es autora del libro Misterios de la Sala Oscura.

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Foto de portada: Gatopardo

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