Entrevista a Felipe Restrepo Pombo: sobre ese calvario tan bello que es escribir

Por: Gallo Molina (joseantoniomolinavega@gmail.com)

Tengo una libreta azul en la que tomo notas de todo lo que considero podría serme útil alguna vez en la vida; desde fragmentos del libro *Copywriting de Mark Shaw, hasta las lecciones sobre escritura de no ficción que nos dio Felipe durante un taller en Casa Tomada:

Un buen reportero no juzga, observa…

Nunca utilizar las palabras “interesante” o “importante”…

Para conseguir una entrevista se vale insistir…

Estuve revisando las notas del taller y algo que nos dijiste fue: “insistir”. Por ello no me siento apenado de los 18 mails que tuvimos que intercambiar para que se diera esta entrevista.

(Risas) Lo hiciste muy bien. Así es. Se supone que personas como yo deberían ser más accesibles, pero sí creo que mucho del arte de la entrevista va de querer entrevistar a ese personaje e insistir, e insistir. Es una de las claves para conseguir una entrevista.

En cuanto a hábitos de escritura, ¿cómo conquistaste tu rutina?

Que bueno que lo mencionas porque es algo que he estado pensando mucho últimamente. Una de las cosas más difíciles de escribir es encontrar el momento y la concentración para ello. Y muchas veces uno podría definir “escribir” como dejar de encontrar pretextos para “no escribir”. 

Creo que lo que hace a un escritor profesional es encontrar sus momentos de escritura y que sea una cosa constante. De pronto puedes decir “voy a escribir todo el día de hoy y así no escribo en los próximos tres meses”; esos son impulsos de escritura pero no te hacen un escritor profesional. El escritor profesional es quien escribe todos los días y que, aunque no siempre logra los mejores resultados, siempre está insistiendo, como un tenista profesional o un médico. Todos los días están trabajando su oficio. 

Hay que escribir sabiendo que nunca vas a alcanzar la perfección. Es un aprendizaje, pero también es un tormento

Yo soy muy enemigo de esto de “la inspiración” o “el talento”, hay gente que los tiene, es innegable, pero lo que te hace un escritor es estar en control de tus tiempos y tu manejo de la rutina, es una lucha. 

Hace poco tuve la suerte de estar en una charla en la que estaba Salman Rushdie, y él decía: “yo antes, cuando joven, me forzaba a escribir 6 horas diarias y quería escribir 20 páginas diarias, y escribir una novela por año… y ya a mi edad (72 años) considero un buen día de escritura cuando logro tener 3 párrafos buenos, y lograr esos 3 párrafos me toma todo un día de escritura”. Entonces creo que cada uno va encontrando sus rutinas.

Conozco a algunos que se despiertan a las 8 de la mañana y escriben hasta las 3 de la tarde; otros como yo, que tenemos diferentes cosas,  tenemos que irnos organizando, enfrentar ese miedo que da la escritura ¿no? Porque sí da mucho miedo la pantalla en blanco pero no es solo eso, sino también todo lo que uno vuelca en la escritura, todo lo que uno deja en la escritura y todo lo que uno se tiene que confrontar cuando escribe. 

¿Sientes que has logrado vencer a tu “yo” impostor?

Soy súper autocrítico. Muy pocas veces quedo satisfecho cuando escribo. Creo que nunca he quedado completamente satisfecho.

¿Ni con tu novela (Formas de evasión)?

No, de hecho no la he vuelto a leer porque sé que hay cosas muy malas. Yo tenía la idea cuando comencé a escribir que claro, uno con los años se iba volviendo mucho mejor y más dueño de su escritura y de su voz y que cada vez iba a ser más fácil escribir ¿no? Pues no, resulta que cada vez es más difícil, y con esto no quiero dañarle el ánimo a nadie que está empezando, pero creo que entre más experiencia tiene uno, entre más ha leído a grandes maestros, entre más ha conocido escritores brillantes, se da cuenta del nivel que debe alcanzar. 

Algunos de los mejores momentos de escritura han sido en esos “lugares no lugares”

De hecho, y esto tampoco es como por tomarlo a mal, pero no creo que el ejercicio de la escritura sea en lo más mínimo satisfactorio. Creo que es súper difícil, solitario, te confronta, una y otra vez te hace dudar, una y otra vez te das cuenta de que has cometido un error, pero creo que todo eso es inferior al deseo de escribir. Entonces, la solución para mí es que hay que escribir sabiendo que nunca vas a alcanzar la perfección. Es un aprendizaje, pero también es un tormento. 

 ¿Cuál ha sido tu anécdota más extraña escribiendo? ¿Tienes un lugar predilecto para ello?

Uno de mis lugares favoritos para escribir son los aviones porque siento que el avión es casi una prisión; estás ahí, no te puedes mover, estás rodeado de extraños en un espacio mínimo y me ha servido mucho para escribir, los hoteles también. He viajado mucho por mi trabajo y en esos momentos siento que he podido escribir muy bien. Recuerdo a un colega que contaba que a él le encantaba escribir en hoteles pero que no fueran ni muy lujosos ni muy feitos. Siempre quería estar en un Holliday Inn porque le parecía un “lugar no lugar” donde se sentaba y podía escribir horas. 

Los vuelos y hoteles me gustan porque siento que, cuando estás en un espacio fuera de tu rutina, despiertan nuevas ideas o  sensibilidades. No recuerdo algo así como “estaba escribiendo encima de un camello en África y tal…” (risas) pero podría decir que algunos de los mejores momentos de escritura han sido en esos “lugares no lugares”.

Quizás donde más me cuesta es cuando estoy solo en mi casa, en mi estudio. 

¿Te obligas a salir?

Sí, muchísimo. Me urge salir. Acá voy mucho a la librería del Fondo de Cultura. Me gusta estar ahí. He intentado en co-works pero no me gustó tanto, prefiero un café en el que vea gente, oiga gente, porque quizás mi manera de escribir  no es en la absoluta concentración. Leila (Guerriero) te dirá que ella no puede escribir sin estar en su casa, a sus horas, en absoluto silencio. Cada uno con sus manías y cada uno enfrenta su oficio como puede ¿no?

Estar presente en redes sociales es, de cierta forma, escribir. ¿Sientes algún tipo de responsabilidad en cuanto a lo que publicas ahí de manera personal? ¿Te limitas?

Yo siempre siento con lo de las redes sociales, y la gente siempre dice “es que Twitter es un cochinero”, “Facebook es un cochinero”, etc. O sea, las redes sociales no son las que tienen la culpa, quienes le dan mal uso son las personas. Y dicen “es que Twitter ha incentivado el odio”, yo creo que eso siempre ha estado ahí, Twitter lo único que ha hecho es poner en evidencia que la gente es agresiva. 

Yo veo mucho Twitter, y antes como que me gustaba mucho opinar pero me ha empezado a dar mucha flojera. Ya solo opino cuando siento que es algo que tengo que decir porque me parece muy evidente, pero trato de tuitear cada vez menos. 

Leo mucho y trato de leer a gente con la que estoy de acuerdo y con la que no. Me parece también que el problema de las redes sociales es que la gente solo se lee con la misma gente. 

Creo que sí hay que estar informado pero con un criterio de saber muy bien en dónde busca uno la información y qué grado de información quiere soportar

Me pasó ahorita que estuve en el programa de Carmen Aristegui en CNN opinando sobre Colombia y me llegaron comentarios de gente loca como de “¡es que a este le paga la izquierda” —cuando a mí ojalá me pagara la izquierda (risas)— pero con un odio y con una manera tan obtusa de ver y de entender el mundo que yo dije “híjole, tal vez no debería opinar tanto”, pero bueno, es inevitable y es parte del oficio. 

Tú, como periodista, ¿no te cansas de leer noticias?

Claro que me canso. Es agotador. Lo que pasa es que yo no soy un periodista que esté cubriendo y buscando fuentes todo el tiempo. A muchos de mis colegas les da como mucha adrenalina la noticia, y la noticia, y la noticia, y la noticia, pero yo sí lo encuentro agotador. He dejado de ver noticieros en tele. No me aportan nada. No creo que sean la mejor manera de informarse. Leo muy selectivamente, y no porque no quiera estar informado sino que a veces es abrumador y no lleva a ningún lugar. 

Desde luego no estoy defendiendo el hecho de no estar informado y de la gente que dice “yo simplemente no veo noticias y no sé lo que está pasando en el mundo”, creo que esa apatía es parte de la culpa de lo que está ocurriendo. Creo que sí hay que estar informado pero con un criterio de saber muy bien en dónde busca uno la información y qué grado de información quiere soportar. 

¿Te ha tocado ir a una mañanera de AMLO?

 No, nunca, aunque justo estamos trabajando con un autor un texto de la relación de AMLO con la prensa y los medios. 

¿Te gustaría?

No, no me gustaría, lo encuentro súper inoficioso, una pérdida de tiempo. Me parece que este presidente tiene un afán de protagonismo que me molesta y que me parece que un presidente no tiene que salir todos los días a opinar sobre todos los temas porque pasa lo que está pasando: dice una cantidad de tonterías, está desinformado, termina contradiciéndose. En ese sentido a mí sí me recuerda esto que está haciendo AMLO a lo que hacía Chávez, que tenía un programa de 8 horas en domingo en que hablaba y hablaba y decía las cosas más absurdas y opinaba sobre todos los temas y creo que definitivamente no es el trabajo de un presidente. 

¿Cómo te paras tú como periodista frente a un presidente que no contesta preguntas… 

¡Además! ¡Nunca contesta!

… y que juzga al periodista según su medio?

Me parece exasperante. Y de nuevo, me recuerda a estos personajes que lo único que quieren es protagonizar, generar ruido, nunca responder a ninguna pregunta, nunca dar un dato relevante, siempre están en esta ambigüedad de “sí, pero no, pero tal vez”, que lo que están haciendo es jugar con la opinión pública. Yo lo considero realmente irresponsable.   

Entre periodismo y ficción, ¿con cuál te quedas?

Siempre digo que si bien son dos escrituras diferentes, con metodologías diferentes, con intencionalidades diferentes, dos tipos de sensibilidades, lo que siempre he tratado de hacer es encontrar que el uno nutra al otro ¿no? Entonces muchas veces hablan de cómo el periodismo nutre a la novela y yo también trato de ver cómo la literatura nutre mi trabajo como periodista y, desde luego, cuando me siento a escribir algo que es periodismo pues utilizo unas herramientas y cuando escribo ficción utilizo otras. 

Es trabajo y saber leer a las personas

Trato de siempre verlo como un mismo trabajo, con mucho rigor y mucha investigación, así sea ficción. Como te mencionaba antes, aunque no siempre lo disfrute, es mi trabajo. 

Me gustaría entrevistar a personas que no son un “personaje”, o sea, alguien que no es conocido o famoso. Yo pensaría que todas las personas tienen algo que contar pero, ¿por qué alguien lo leería?

El trabajo es tuyo. Ahí sí no hay fórmulas mágicas, depende mucho de la sensibilidad de saber leer qué hay en esa persona que la haga importante. 

Sí estoy de acuerdo contigo, me parece que casi cualquier persona, para no caer en generalizaciones,  si tienes la sensibilidad y la mirada que hace que encuentres en esa persona algo que contar va a ocurrir ¿no? Grandes escritores se han interesado en la cotidianidad, en vidas que al principio parecen corrientes o que no tendrían nada fuera de lo común. Creo que se puede encontrar.

La vida de esa persona que nos habla del mundo en el que vivimos y que creo que, al final, por eso hacemos periodismo

Me acuerdo de una frase de Julio Villanueva Chang que es “De cerca nadie es normal”, porque si te acercas, y te acercas, y te acercas, empiezas a encontrar cosas que hacen a la persona única. Es trabajo y saber leer a las personas. 

Pienso en una buena amiga periodista que se llama Galia García, que me contaba el otro día que quiso hacer un podcast sobre mujeres que trabajan en la limpieza de casas. Y dijo “bueno, voy a hacerlo con la señora que viene a limpiar a mi casa”. Empezó a hablar con ella, a entrevistarla, a acompañarla en su trayecto diario, ir a su casa… 

Como un perfil. 

Claro, un perfil de una señora de la limpieza que parecería alguien absolutamente común y terminó en una gran historia sobre las enormes diferencias sociales que existen en estos países.

Siento que solo es cómo tener esta sensibilidad de ver qué hay de único en esta persona, sobre todo de la vida de esa persona que nos habla del mundo en el que vivimos, y que creo que, al final, por eso hacemos periodismo. 

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Felipe Restrepo Pombo es un escritor, periodista y editor colombiano. Comenzó su carrera como periodista en la revista Cambio, teniendo como mentor y director a Gabriel García Márquez. Ha publicado los libros Formas de Evasión (2016), la biografía Francis Bacon: retrato de una pesadilla (2008), 16 retratos excéntricos (2014) y Nunca es fácil ser una celebridad (2013). Fue director editorial de la revista Gatopardo durante seis años, la cual ganó, bajó su dirección, el Premio Nacional de Periodismo. Actualmente continua trabajando en la revista desempeñándose como editor.

Foto de portada: cortesía

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