Entrevista a Luis Reséndiz: “ya no se puede decir nada” y otros mitos de la corrección política

Por: Gallo Molina  (joseantoniomolinavega@gmail.com)

En ocasiones, Twitter puede ser una auténtica cloaca en la que se vierten las opiniones menos informadas, los ataques más viles o los comentarios más cínicos. Sin embargo, también se encuentran, en medio de todo el cochinero, voces que vale la pena leer porque lo ponen a uno a pensar más allá del momento.

Una de estas voces es la de Luis Reséndiz, con quien pude platicar sobre un debate que, al parecer, nunca se agota: la corrección política. Basándome en un artículo de Wesley Morris publicado en el New York Times, le planteé a Luis una cuestión que, de hecho, titula a dicho texto: en la actualidad, ¿el arte y el entretenimiento deben de ser políticamente correctos? ¿Vale la pena sacrificar el entretenimiento por lo moral?  

—Este es un asunto para el que yo diría: hay que tener perspectiva histórica. Cada época tiene su exigencia estético-moral. Y en ese sentido, ¿vale la pena sacrificar algo? Yo lo que creo es que no hay que sacrificar nada. Los creadores siempre han estado sometidos a estas presiones. 

En otra época ciertas series (el artículo pone de ejemplo a Los Simpson, Friends o Sex and the City) mostraban contenido que en ese momento no se percibía como incorrecto y ahora sí. ¿Es válido condenarlos o modificarlos hoy en día? 

Cancelar algo es una cosa, modificarla con el tiempo es otra. Ese es el trabajo de los productores ejecutivos, escuchar a su público y reflejar sus necesidades. Entonces eso (modificar el contenido) yo no lo veo mal, a mí me parece que el tiempo es algo que pasa y nos da perspectiva. 

Preferimos cancelar o ensalzar a entender, porque es más fácil

Sin embargo, entiendo el otro punto: cancelar o borrar es un error. Porque no puedes olvidar lo que somos y lo que fuimos. Todos los productos de entretenimiento son parte de nuestra historia, todos nos dicen algo de nosotros, de lo que hicimos y de lo que fuimos, sean cosas buenas o malas. Borrar nuestro pasado se llama revisionismo histórico, y eso lo hacen los pinches nazis, los dictadores, eso no tiene cabida en una sociedad libre y en donde el conocimiento tiene que estar a nuestro acceso porque nuestro pasado configura nuestro futuro y nuestro presente. 

Y actualmente hay opciones, si tú quieres leer Mi Lucha de Hitler, y lo primero que va a pensar la gente es “ah no mames, eres un pinche nazi, ¿qué te pasa? ¿Por qué quieres leer ese libro?”, pero hay formas de leerlo, hay ediciones revisadas que dan contexto y aclaran cosas y lo mismo pasa con el cine. Entonces, hay formas por las cuales podemos acercarnos a esos productos culturales. No es tiempo de condenarlos sino de repensarlos.

De replantearlos, ¿no? 

¡Sí! De contextualizarlos, analizarlos, criticarlos, entenderlos. Un problema que tenemos como humanidad es que preferimos cancelar o ensalzar a entender, porque es más fácil.  Es más fácil decir “sabes qué, no sé cómo explicarle a mi hijo que existen las personas gay así que le voy a decir que no existen”. ¡No, güey! Sí existen y tienes que entender y tampoco es tan difícil, ¿sabes? Entonces, ese esfuerzo es el que yo creo que debe primar en esta época donde existe un auge en estas peticiones. Hay que verlas con inteligencia, tanto a las peticiones como a las obras. 

Acudiendo de nuevo al artículo, ahí se plantea un paralelismo entre los moralistas de antes que se quejaban por “contenidos inapropiados” (lujuria, aborto, homosexualidad) y pedían censurarlos, mientras otros exigían libertad de expresión. Hoy pareciera que los papeles han cambiado: los liberales de antes son los conservadores de ahora; y quien pide libertad de expresión argumenta que “ya no se puede decir nada”. Ahora lo “disruptivo” es ser políticamente incorrecto. ¿Se está invirtiendo el papel entre los moralizadores de antes y los que piden censura ahora? 

Me gusta la analogía de los moralistas de antes y los de ahora porque creo que es bastante precisa: al final son dos grupos que quieren imponer su moral particular, su agenda, y evidentemente a la gente progre no le gusta eso. Sí creo que uno es mejor que otro, porque uno está buscando moverse y el otro está buscando conservar, y a mí me choca la inmovilidad, me choca la idea de que no moviéndonos vamos a estar mejor. Nunca. Eso no puede ser. No hay forma en la que quedándote donde estás mejoren las cosas porque donde estás hay un chingo de cosas que están mal y estaría chido revisarlas. A pesar de que yo esté más a favor de uno, no creo que los extremos sean chidos. 

¿Se vale cancelar productos políticamente incorrectos solo por ser políticamente incorrectos?

Es una buena pregunta, creo que depende del caso. Hay líneas muy generales que configuran una definición de discurso de apología del odio y creo que todos las conocemos, nuestra tripa nos lo dice, aunque entiendo que no tengamos la misma tripa. Reconociendo eso yo soy más de la idea de que hay que ser permisivos pero que deben de haber regulaciones al discurso, ¿por qué?, porque hay ideas que son nocivas. 

Uno de los ingredientes para el ascenso del neonazismo en Estados Unidos es su enorme permisividad del discurso público. Están en un momento histórico en el cual la Suprema Corte decide que una persona con una bandera nazi puede estar en un barrio judío porque la primera enmienda se lo garantiza. Eso me parece nocivo y peligrosísimo. Hay ideas que deberíamos de cancelar, no en el sentido de no volver a hablar de ellas, sino cancelarlas como pasado, buscar que no se reproduzcan. Es necesario hablarlo. No creo en multas, creo en conversaciones y entonces sí creo que el discurso debería de regularse. No de manera coercitiva ni violenta. 

No creo que haya que cancelar cosas, hay que conversarlas

Sin embargo hay que entender que siempre van a haber cosas en el discurso que no nos van a gustar y que nos van a incomodar y que está bien que eso pase. Me encantaría vivir en un mundo sin racismo ni sexismo pero esas cosas siempre van a existir y hay que saber distinguir entre cuando se trata de un discurso apologético y cuando de una reflexión sobre la realidad. De pronto toman el cine de, por ejemplo, Alan Moore, que tiene una extraña obsesión por las violaciones en su obra, y de pronto eso puede ser incómodo, ¿no? Y puede ser duro pero las violaciones existen y están ahí afuera y ese güey no las está defendiendo, y no van a dejar de haber violaciones si deja de haberlas en los productos culturales. Nacen de reflejar la realidad, siempre parten de algo. 

No creo que haya que cancelar cosas, hay que conversarlas. Sí es necesario manifestarnos en contra de ellas individualmente. Por ejemplo, yo creo que Callo de Hacha muchas veces ha cruzado la línea y creo que su presencia en medios es más nociva que positiva, creo que no aporta nada, pero no quiero cancelarlo, quiero platicar y que las demás personas lo analicen también. 

Un “Amiga, date cuenta” pero de los medios, ¿no? 

¡Exactamente! 

Llevando el tema hacia otra dirección, pareciera que La Academia se ha inclinado a premiar más al arte que está abogando por lo políticamente correcto que por otros atributos. Ejemplo: Moonlight y La La Land disputándose el Oscar (a mí en lo personal me gustó más la segunda). Mi pregunta es, ¿está la academia supeditada a premiar esta cuestión más moral? 

Yo en lo personal no veo esa tendencia tan marcada más allá del ruido. He visto que se premió a Casey Affleck, que no se le dio el Oscar a Greta Gerwig, que el número de directoras ha aumentado ínfimamente. Lo veo más como un discurso publicitario. ¿Se debe de premiar a una minoría por hacer un producto cultural sin que importe lo estético? Planteado así, no, evidentemente. Deberíamos de considerar muchas cosas más. Eso puede ser un factor. 

Me gustaría abrir el diálogo porque no creo que necesariamente por tocar cierta agenda o por ser mujer mereces un premio si tu trabajo no es el mejor. Pero no sé qué hay detrás porque también es cierto que históricamente los hombres siempre han ocupado esos lugares.  

Siempre hay que ver qué pasó antes, y realmente la tendencia no se mueve tanto. Respecto a lo de que si “las directoras no son tan buenas entonces no hay que premiarlas” estoy de acuerdo pero no en un mundo en el que no alcanzan a dirigir ni el 10% de las producciones hollywoodenses. Partimos de que las directoras no son tan buenas y por eso nadie las quiere contratar pero si te vas a las escuelas y te das cuenta de que el número de mujeres que entran son bien poquitas ahí se te muere la discusión porque acabas diciendo que entonces las mujeres no quieren dirigir cine lo cual, evidentemente, es una tontería.

Nunca hay que perder de vista que el mundo es muy desigual y que el mérito es una cosa muy relativa

La discusión no es si hay que premiar a Greta Gerwig solo por ser mujer sino quién está dirigiendo las películas que estamos viendo. Hemos estado sometiendo al mundo a una visión muy reducida de un tipo específico de creador y eso a mí me hace un chingo de ruido. 

Hacen falta más directoras y eso es algo que sinceramente no sé cómo se pueda arreglar, pero es parte de una conversación que debemos de tener. No se han abierto suficientes espacios. Nunca hay que perder de vista que el mundo es muy desigual y que el mérito es una cosa muy relativa.

BBC: The 100 greatest films directed by women

Supongo que hay que dejarnos de atajos fáciles. Tal vez las mujeres no están estudiando cine porque siempre ha sido un espacio dominado por hombres. Tal vez el pensamiento inconsciente es “no voy a poder triunfar aquí”…

Por supuesto, ¿y para qué quieres meterte a algo en lo que crees que no vas a triunfar?

Hay una reflexión específica para cada caso específico. 

Fundamentalmente estoy de acuerdo contigo. Acercarte a las cosas pensando que no todo el mundo tiene las mismas oportunidades y que solo veo cierto ángulo, eso te permite tener mucho más contexto y preguntarte “¿qué es lo que no estoy viendo?” Me parece muy importante siempre saber en dónde estamos parados y en dónde está parado el entretenimiento porque así se logran los buenos análisis.

Entonces, no es que se estén premiando películas sólo por contener un discurso progresista sino que cada vez más creaciones están abordando estos discursos porque este es el marco histórico en el que están desarrollándose. 

Tú mencionas que a ti te pareció mejor La La Land, pero a mí me pareció mejor Moonlight, y no por la raza de los personajes, sino porque me pareció una película más íntima, más dolorosa, y me movió muchas cosas y se me hizo súper padre ver ese poquito de esperanza en ese mundo tan mierda, que es una de las cosas que nos da el cine: imaginar esperanza. 

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Luis Reséndiz es escritor, editor y crítico de cine. Escribe para las revistas Letras Libres, HojaSanta y Este País. Es autor de los libros Cinécdoque e Insular.

Foto de portada: cortesía

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