El Año Nuevo y el desencanto

Por: Gallo Molina  (joseantoniomolinavega@gmail.com)

El Año Nuevo me odia y yo lo odio a él. It’s a fact. Es una fecha demasiado mística como para no darle una importancia desmedida; y es debido a ello que me persigue la idea (justificada o no) de que el no tener un plan que le haga justicia es sinónimo de fallarle al calendario. 

Tal vez la fiesta por el cambio de milenio en el 99 puso la vara muy alta, aunque yo tenía apenas ocho años. Desde eso, más penas que glorias. Solo recuerdos ausentes, amores pasajeros o cenas tediosas. 

Hubo un primero de enero en el que me propuse ser consciente de todas las primeras cosas de ese nuevo año, como la primera canción escuchada, la primera película vista, la primera bebida o alimento ingerido. Me gustaba pensar que esos primeros elementos tenían una carga significativa para el resto del año. 

Siguiendo ese obsesivo hábito, la primera canción escuchada este 2020 fue “Papaya”, de Yiuliusly, la cual posee un ritmo electrónico-tropical y cuya letra es, literalmente, una serie de descripciones monográficas de dicha fruta. ¿Será un presagio abundancia y buena digestión?

Primera bebida del 2020: una taza de café. Presagio: más mañanas de lectura. ¿Cuántas tazas se necesitan para terminar una novela? Las necesarias. 

Primera película vista del 2020: “Burning”, de Lee Chang-Dong. Presagio: ver arder muchas cosas que dejaron de tener sentido hace tiempo, como un invernadero abandonado. 

Primera canción cantada en 2020: “Cara Luna”. Presagio: las fiestas en las que se canta y baila Cara Luna suelen ser las mejores. 

Hubo un Año Nuevo en que jugué Disney Trivia. Me reí hasta las lágrimas esa madrugada, olvidando por un momento que había tenido la llamada telefónica más fría de la historia justo al borde de las doce campanadas. 

Otra razón para odiar el 31 de diciembre son los besos que nunca dimos. 

En 2017, mis mejores amigos lo pasaron en Bacalar y yo en un retiro espiritual.

Nunca he disfrutado tanto del silencio, del pobre sonido a pirotecnia que se extinguía en la distancia. Me fui a dormir temprano, sin rastro de culpa ante la inexistente expectativa de un ritual que tan solo consiste en cambiarle unas cifras al tiempo. 

Así comenzó el que considero uno de los mejores años de mi vida: en silencio, aunque  terminó en Veracruz, con mucho ruido y alboroto. 

Es probable que la manera en la que comenzamos un año natural no tenga nada que ver con cómo terminará. Ni incendios, ni cafés, ni papayas. 

Mi novia dice que si dejo de odiar al Año Nuevo él me dejara de odiar a mí. Y le creo.  

Me gusta pensar que aún podemos hacer la paz con nuestros propios fantasmas.

Foto de portada: Pexels

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s