La infravalorada opción de tener Relaciones Abiertas: una entrevista

Por: Gallo Molina (joseantoniomolinavega@gmail.com)

Las relaciones abiertas existen desde que la bisabuelita o abuelita mencionaba “mejor que ande por ahí con otra y luego regrese a la casa tranquilito”, como me contó la pareja a la cual le hice esta entrevista y que pidió, por cuestiones personales, permanecer anónima.

Sin embargo, la conversación en torno a los tabús, a las ventajas y desventajas, así como a nuestros propios miedos y comparaciones, fue de lo más fructífera. Porque hablar de amor va más allá de con quien intercambiamos expresiones físicas. Implica, en mayor medida, quién es capaz de tolerar y aguantar tus peores facetas, así como quién está ahí para compartir los mejores momentos; algo que “la mejor cogida de tu vida” no puede superar.

¿Cómo fue su proceso para llegar a la decisión de tener una relación abierta?

En nuestro caso fue un accidente. Teníamos un amigo en común y en una fiesta —en parte por el alcohol y en parte porque andábamos anímicamente dispuestos— acabamos en un trío y, en cuanto terminé, ya no me la empecé a pasar bien. Siempre que terminas como que tu visión, que estaba obstaculizada por la excitación, comienza a procesar de manera objetiva lo que sucede. Y no me encantó, los convencionalismos con los que fuimos educados a nivel pareja empezaron a llegar: “¿qué estás haciendo?”, “¿por qué está con el otro?”, “¿y tú dónde quedas?” Todos esos moldes…

Miedos, ¿no?

Pues miedos, inseguridades, esquemas, formas, dinámicas que, no es que hayas tomado un curso pero te educaron así. 

Te educaste viendo a tus papás, las novelas, las películas, y todo lo que tiene que ver con el concepto de pareja que creo, hoy, a casi 13 años que llevamos juntos, todo está muy mal. Corrupto, sesgado a celos, posesión, dramas, que no tendrían que existir en la pareja. Nos reímos con memes de novias psicópatas o “jajaja por qué le das like a MI NOVIO”, o sea, como todas esas cosas que creemos que son los “accesorios” ideales para tener una relación sana. 

No puedo basar mi relación en la de mis papás

Entonces, todo eso cayó en mí en ese momento.Corrí a refugiarme al baño. Él llegó y me dijo “oye no, tranquilo, ¿estás bien?” Pues no, sentí todo esto, y creo que eso es lo primero que debe existir: comunicación franca. Me siento ASÍ. Entonces él me dijo: “no te apures, esto se acabó aquí, en el momento que tú sientas que se puede volver a hacer pues lo hacemos y si no, nada”. 

¿Ya estaban casados? 

No. Realmente llevábamos de relación nueve meses, o sea, era muy poco, que ese es otro de los mitos que existen: que las personas abren sus relaciones porque están cansadas, hastiadas…

“Se perdió la chispa”.

Ajá, “se perdió la chispa”. Yo creo que el proceso de infatuación de una pareja dura los tres meses que le dura a todo el mundo y listo. Esa famosa chispa se va a perder sí o sí. Abras tu relación o no. El chiste es que, cuando la chispa se pierde, tener una relación abierta hace más llevadera esa parte. Porque entonces tu atención no está en esa situación sino en otras áreas que sí tienes que cultivar de tu pareja, más allá de lo sexual. 

Así estuvimos un rato, y luego orgánicamente empezó a surgir cierto gusto, afinidad, e inclinación por un amigo  que frecuentábamos y yo le dije: es que siento como maripositas, y él me dijo: “yo también”. Entonces, un día que se quedó en la casa a dormir —y como que había quedado la puerta abierta a esa opción—, literalmente fue como de “¿le caemos? Le caemos”. Él fue muy receptivo y estuvo muy bien. 

La gente cree que no consumar un acto físico es monogamia

Con el tiempo fuimos hablando de qué es lo que queremos con esto, hacia dónde va. Regresando a los moldes antiguos nos dimos cuenta de que no nos podemos meter en unos zapatos que no nos quedan, que no están hechos para nosotros, y creo que siendo gays es mucho más fácil decirlo, o sea, no puedo basar mi relación en la de mis papás. 

Creo que también parte de todo este desechar estos moldes es entender que tú eres una persona antes de integrarte a una pareja. Está esta falsa creencia de que tú automáticamente dejas de ser todo lo que eras y te conviertes en otra cosa, pues no. Si tú tienes un gusto múltiple por muchas personas, estando en una relación eso no se va a ir a ningún lado. La gente ha decidido reprimirlo, guardarlo, meterlo en un cajón, pero no se va, porque es parte de lo que eres.    

 Ahí empiezan las trampas de la monogamia porque la gente cree que no consumar un acto físico es monogamia. Y la verdad es que, si tú ya te mandaste un WhatsApp pícaro, sabroso, con tu amiga del trabajo , o incluso nudes, o lo que sea, ahí no estás siendo monógamo. “Es que no la besé, no tuvimos sexo…”

Incluso desde el mismo deseo, ¿no? Puedes ver a una persona en Instagram y desear tener algo con ella. 

Exacto, y ya le diste un like, y ese like luego genera conflictos, y esas son manifestaciones de un deseo que existe y que por una situación patriarcal, empresarial, patrimonial se decidió en algún punto que tú no podías tener otras cosas fuera de tu pareja. 

Este deseo existe y lo único que va a hacer el reprimirlo es que yo entonces sí cometa todas las estupideces que usualmente la gente comete. Empiezas a generar unas expectativas desmedidas cuando en la realidad quizá si dices “pues quiero tener algo físico, momentáneo”, lo tienes y quizá pierdes el interés total, que es lo que normalmente pasa. A esa persona ya no la oyes hablar de la misma manera, y entonces ya te diste cuenta de que es aburrida y que no tienen nada en común, pero tú a tu pareja ya le dijiste que ya no puedes continuar con la relación, y hay tantas historias chafas basadas en este modelo que se podrían ahorrar tal cual con “nos besamos, estuvo padre, listo”. 

Tú realmente te quieres quedar con la persona por las conversaciones, por cómo te ríes, como te alienta, como te reta, muchas cosas que la mejor cogida de tu vida no te da

Sí creo que, al menos en nuestro caso porque hay otros modelos poliamorosos en los que sí se ponen las emociones, las emociones son de nosotros dos y no hay más. Mi tiempo de calidad es de nosotros dos. Pero, en cuanto a ratos sexuales, sí hay para más personas. Y porque todo se reduce a: vi en Instagram a alguien, se antojó, cruzamos unas palabras, se dio, nos la pasamos bien, y YA. Y, efectivamente, pasado el orgasmo pasa con muchas personas que dices ¿te puedes desintegrar e irte a tu casa? Muchas gracias.   

Si no, todos nos enamoraríamos al revés, primero cogiendo y luego conociendo a la persona. 

Exacto, que también puede pasar, pero a lo largo de los trece años que llevamos juntos me he dado cuenta que entendí muchas cosas sobre el amor al punto que hoy puedo decir que el amor es un acto voluntario. Después de tener uno, dos, tres orgasmos ya logras ver a la persona por como es y, si después de esa cruda realidad tú quieres estar con ella, entonces desde ahí se puede construir el amor. 

Le ponemos tanto peso al sexo en las parejas que creo que por eso hay tantos conflictos. A la larga, el sexo, el deseo, la parte física, empiezan a desvanecerse,  y tú realmente te quieres quedar con la persona por las conversaciones, por cómo te ríes, como te alienta, como te reta, muchas cosas que la mejor cogida de tu vida no te da. 

¿Cuáles son sus acuerdos?

Realmente solo tenemos uno: dónde están tus emociones.  

A gente que por ejemplo me ha dicho “Oye, sí, es que me gustaría salir contigo” No. “¿Y si nos tomamos un té?” No. “Oye, ¿y si cogemos?” ¡Sí!

Yo digo que son como cajas. Tienes una caja en donde está tu amor, tu cuidado, tu relación, tu proyecto de vida, y esa es una caja que está cerrada y es de dos; y está la otra caja en donde está el sexo, los fetiches, las filias, que es de libre acceso. Y sí o sí, el acuerdo es: no comprometo mis emociones.  

Entonces hay un NO rotundo a una parte emocional. A gente que por ejemplo me ha dicho “Oye, sí, es que me gustaría salir contigo” No. “¿Y si nos tomamos un té?” No. “Oye, ¿y si cogemos?” ¡Sí! (Risas) ¿Sabes? Es muy chistoso el que una cosa sea más sencilla que la otra. 

Es un poco como jugar Nintendo, ¿no? Necesito a otra persona (otro jugador) para hacer esto que quiero hacer. 

¡Ándale! Y es un poco también lo que tú consideras intimidad. Desnudarte frente a alguien o tener sexo, para mí, no es intimidad. Dormir con alguien sí es intimidad. Bañarme con alguien es intimidad. Comer, compartir un café, eso es intimidad. Tradicionalmente no se habla de sexo, y la gente tiende a sustituir los conceptos de sexo por amor. 

Para tener una relación abierta te tienes que desembarazar de tu propia idea de posesión. Nos han enseñado que las parejas son nuestras, y nuestro es nuestro celular, o sea, ese es nuestro, la otra persona es otra persona que voluntariamente quiere estar conmigo. 

Cuántas personas no han perdido matrimonios de 25 o 30 años por un beso

Igual está la idea de los celos, también celebrados y normalizados, porque hay un factor que hay que sacar de la ecuación, sin importar si es una relación abierta o no: el ego. Cuando tú lo antepones en todas tus relaciones, vas a salir mal. “No me da la razón siempre”, “Me está comparando”, entonces sí creo que el ego debe dejarse a un lado. “Es que gimió más con esa otra persona que conmigo”, no puedes medirlo. 

Cuántas personas no han perdido matrimonios de 25 o 30 años por un beso. Y a eso se le pone toda esa fuerza de “¡No es posible, me traicionaste!” ¿En qué momento? No, no, no, por favor. Ahí sí hay que reconocer, “a ver, llevo 25 años invertidos con una persona, hemos construido”, no sé, lo que quieras, “un castillo”, ¿en serio es tan endeble ese castillo que un besito lo va a tumbar? Yo no creo que haya ningún orgasmo que pueda derribar una vida hecha.  

¿La exclusividad está sobrevalorada?

Totalmente. O, al menos, la exclusividad sexual. Tendríamos que estar más avocados a la exclusividad emocional, y normalmente la gente está al revés. La gente exige, demanda, coarta la parte sexual pero no alimenta la parte emocional.

¿Qué le dirían a alguien (hombre o mujer) que se enorgullece mucho de no haber engañado a su pareja?

 ¿Y no has mandado un mensaje? “No”, ¿y no has mandado una foto? “No”, ¿y nunca te has masturbado pensando en alguien más?… 

Hasta ahí llega (risas)

Pues sí, la mayoría sí. Porque hay un punto en el que ni siquiera la monogamia o la pareja tiene que ver con tu intimidad personal. Y si tú estás en un momento en el que te estás estimulando y estás pensando en la Mujer Maravilla, para tu esquema tradicional estás siendo infiel, pero fuera de eso estás siendo persona. Y punto, ¿no?  

Creo que, al final, es este sobrevalorar tanto la monogamia que no te da nada. O sea, no hay una medalla a la monogamia, ni siquiera hay la garantía de que tu pareja va a prevalecer. Es un espejismo al que si le rascas descubres que es una imposición.   

Al final no se trata de ti, se trata de la otra persona y de su relación consigo misma, con sus ambiciones, con sus deseos. O sea, no se acostó con alguien más porque TÚ no lo/la llenas, o porque TÚ no eres suficiente, no, se acostó con alguien más porque pues así es la vida. 

Se le antojó. 

Sí. Exacto. 

¿Cuál ha sido la mayor ventaja de tener una relación abierta?

La reducción significativa de conflictos. De poner la atención del día a día de una pareja en cosas más trascendentes que estar peleando por un like o por una llamada o por un mensaje; el realmente construir una relación desde la libertad de la otra persona cuando reconoces que la otra persona, cuando se integró a este proyecto de relación, ya era alguien, ya tenía costumbres, deseos, y que no hay poder humano que tú representes para que se borren. Reconocer su pasado. 

Es muy cotidiano el tener conflictos constantes de “¿y quién es? ¿Por qué te volteó a ver? Etc. et. etc.” Es demasiada energía malgastada en tonterías cuando en nuestro caso podemos ver juntos a alguien y decir “ah míralo, qué bien está”.

Foto de portada: Pexels

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