‘Cuidar’ es un verbo político (sobre Su cuerpo dejarán, de Alejandra Eme Vázquez)

Por Francisco Tijerina Martínez

Abuela, ¿me dejas decirte lo bonita que eres?

Alejandra Eme Vázquez

Para Ofelia Martínez Martínez

        

Existe cierta complicidad creada entre la persona que lee y el texto a partir del momento en el que se abren las páginas de un libro. Por eso el objeto de lectura es en gran medida revolucionario. Siempre hay un antes y un después de leer. Siento que esto es más evidente en algunos artefactos literarios que en otros, como en el caso de Su cuerpo dejarán, de Alejandra Eme Vázquez. A pesar de ser corto, en él se aloja un cuestionamiento claro del status quo mexicano con respecto al cuidado y el trabajo doméstico.

Lo leí por primera vez en la primera mitad del 2019 y me pareció algo imprescindible. Pocos meses después, mi abuela sufrió un pequeño infarto cerebral que limitó la movilidad del lado izquierdo de su cuerpo. Comenzaba a depender más de las personas que la rodeábamos, especialmente de mi madre, quien la cuidó y acompañó hasta su último suspiro. 

A lo largo de sus once capítulos, Eme Vázquez propone una lectura desde su propio afecto de la precarización de las tareas del cuidado y los problemas que eso conlleva. Se nota la invitación de la autora a desmontar ciertos mitos que se encuentran fijados a la idea del trabajo digno. La primera herramienta que nos otorga en el proceso de lectura es un test de 30 preguntas con las cuales podremos saber “qué tanto existe para el resto del mundo [nuestra] profesión, oficio o empleo” (19, itálicas en el original). Me pregunto por el trabajo de cuidado de mi abuela para con nosotros; me pregunto por el trabajo de cuidado de mi madre para con mi abuela y para con nosotros. No hubieran podido aprobar el examen.

En cierto punto del texto, cuando narra las visitas en las que acompaña a su abuela con el “Doctor S”, su geriatra, no puedo olvidar las numerosas perspectivas que escuchamos y buscamos después del incidente con mi abuela. En todas, la respuesta siempre fue la misma: ella está bien, a sus 95 años está bien. Desde que tengo uso de la memoria, mi abuela se rehusó a usar aparatos que la ayudaran a moverse. Lo estético era profundamente importante para ella. Me compartía con molestia a sí misma cualquier nueva marca en su piel que accidentalmente habría aparecido en esos días, producto de cualquier roce del tránsito de su cuerpo en la casa.

Alejandra Eme Vázquez escribe “este libro para hablar del binomio irrenunciable entre el trabajo de cuidados y el doméstico, a partir de una experiencia propia que [la] ha obligado a ver la vida entera con otros filtros” (23) y con ello pone en nuestras manos también la posibilidad de ver a través de esos nuevas lentes. Entender a través de lo vivido, del afecto, lo personal y político.

El libro discurre entre el ensayo, la autobiografía y lo que podría ser considerado ficción. Es en este espacio donde se pone en tela de juicio también la fijeza de las categorizaciones: la vejez, la belleza, la feminidad, el trabajo y el cuidado. En ese sentido, el libro también funciona como una alternativa a los binarismos convencionales. Una de sus cualidades más marcadas reside en los comentarios críticos a la hegemonía cultural, social, política y económica bajo la que está subyugada la tarea del cuidado y la idea de lo doméstico.

Haciendo eco a la segunda ola feminista y extendiendo la noción de que lo personal es político, Eme Vázquez problematiza la idea de que “nos han enseñado que lo que se hace en privado se hace por voluntad, por afecto y por costumbre” (23), abriendo el campo a una discusión completa y compleja sobre la importancia de las tareas de cuidado y las personas que las ejercen. Esto también se ve reflejado a través de la materialidad del texto. Su cuerpo dejarán no sólo es un libro que puede ser consultado en su versión impresa a un costo relativamente bajo, sino que también puede ser leído y descargado gratuitamente en el sitio de la editorial Kaja Negra, como un proyecto de libre acceso. Dicho de otra forma, la figura del libro opera bajo la idea del cuidado, permitiendo así que la discusión se dé de manera que quienes deseen ser partícipes de ella puedan hacerlo sin las barreras de un mercado que invisibiliza los trabajos del cuidado.

La segunda vez que leí el libro fue tras la muerte de mi abuela en febrero de este año. Mi lectura inicial del texto prevenía mi duelo. Desde su título se asume que lo que quedan son sus cuerpos; que lo dan todo hasta que queden sus restos. Mediante la relación con su abuela, la autora cuestiona no sólo su rol un poco obligado, pero nunca desestimado, como nueva cuidadora de la que en algún momento la cuidó, sino también todas las diferentes afecciones políticas, sociales, culturales, económicas y estéticas que tiene el envejecer como mujer. Mediante mi relación con mi abuela leo este libro. La entiendo a ella y entiendo a mi madre. Noto los desbalances de un sistema que carga sobre los hombros de sus mujeres la difícil tarea del cuidar. 

Es por medio del afecto donde este texto posiciona su mayor apuesta. En él se propone a la experiencia y los afectos como espacios teóricos, pues la práctica afectiva también funciona como una metodología de lectura del mundo vivido. La forma en que la voz enunciadora se permite verse afectada por lo que aqueja a la figura del cuidado es también una propuesta de cuidado, una propuesta que no sólo me llevó a apreciar todavía más la importancia de este libro como un eje vertebral de una ética personal de la construcción de lo privado sino también a repensar mi relación con mi centro principal de cuidado que justo en ese momento se había ido.

Se cree que “[q]uien cuida no tropieza. No falta, no se enferma. Quien cuida va mirando hacia abajo para advertir los pliegues más pequeños del asfalto, porque cuidar es ver peligros en todos lados y es cierto que en todos lados hay peligros, hasta adentro de lo cuidado” (57). Se practica. Lo sé porque hasta el último de sus días, mi abuela jamás quiso ser objeto de cuidado. Ella se reconoció como cuidadora, abrazó su rol y nunca lo soltó. La recuerdo entre susurros y complicidades. Por ella y por mi madre sé que las cosas deben cambiar; que debemos crear nuevas y mejores formas de relacionarnos con estas labores universales. Al final, las preguntas siguen vigentes: ¿Qué sucede y qué debe suceder con las numerosas mujeres que ejercen las tareas del hogar como actividad principal en sus familias? ¿Qué mecanismos nos ayudarán a reconocer estas labores y otorgarles lo que les corresponde?

Puedes descargar Su cuerpo dejarán de Alejandra Eme Vázquez aquí

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