La guerra de los pasteles: una conversación sobre la tolerancia

Por Gallo Molina (joseantoniomolinavega@gmail.com)

*Esta entrevista fue hecha en julio de 2019.

John Briggs era senador por el estado de California durante 1978, año en el cual presentó un proyecto de ley conocido como la “Proposición 6”, el cual consistía en prohibirle a las personas homosexuales desempeñarse como profesores y profesoras en escuelas públicas. Cuando le preguntaron sobre esto, respondió: “No tengo nada en contra de los gays. Solo es política”. Un año antes, en 1977, Robert Hillsborough (hombre gay) murió apuñalado en una calle de San Francisco, mientras su atacante le gritaba “¡Maricón!” 

Harvey Milk, activista y uno de los principales personajes políticos en contra de la “Iniciativa Briggs”, fue asesinado por Dan White, hombre que se oponía cabalmente a los derechos de la comunidad LGBT. Milk, en uno de sus discursos, dijo: “No conseguiremos nuestros derechos quedándonos callados en nuestros armarios”. 

Incluyo estos fragmentos de historia para precisar un punto: las opiniones importan, la neutralidad suele apoyar al bando equivocado, y la intolerancia, si se tolera, puede llevar al ser humano a sacar lo peor de sí mismo. 

Hace unas semanas (2019), se rechazó por segunda vez la iniciativa para permitir el matrimonio igualitario en Yucatán. Ante esto, un post en Facebook celebraba dicha decisión y, en uno de los comentarios, una empresaria -dueña de una pastelería- aprobaba y aplaudía la publicación.  

Un tweet de Mario Ovies, declarando que ya no consumiría los productos de esa pastelería,  nos llevó a varios a preguntarnos: ¿hasta qué punto es tolerable una opinión? ¿Es necesario publicar nuestra inconformidad con un negocio por cuestiones ideológicas? ¿Nos falta ponernos en los zapatos de la comunidad LGBT… o en los de la dueña del negocio?

¿Crees que esta discusión nos dejó algo bueno?

Yo como lo veo es, siempre en estas discusiones alguna persona cambió su forma de ver las cosas. Una vez me topé con una amiga que me dijo:  “yo nunca comento en tus publicaciones, pero siempre las leo. Y una que otra me ha hecho replantearme como yo veo las cosas”. Una de esas veces fue sobre el tema de las “feminazis” y de por qué no se les debería de decir así, y me dijo: “Cuando tocaste el tema de por qué les dicen así y quiénes se los dicen, me empecé a poner en su lugar (el de las feministas), y entendí las cosas desde otra perspectiva”. Y eso es algo que normalmente no pasa. 

Entonces, siento que en términos generales había dos bandos, ninguno iba a ceder, estaba la discusión pero ninguno entraba a debatir, solo a expresar su punto, sin esperar nada a cambio. Pero sí hay personas que entran a ver la discusión, no sé si con la idea de aprender, pero que al menos están abiertas a lo que van a leer. Ahí sí siento que hay algo positivo. 

Aunque hay estos dos bandos, y uno está muy cerrado, leí cosas como que se estaba “atacando” a su libertad de expresión, o que eran una mayoría que “no se iba a dejar pisotear por una minoría”, incluso leí a un señor que publicó que: “No porque otros tuvieran un derecho que él sí tiene eso lo hacía a él un privilegiado”… 

Ok… lo cual es precisamente el punto.

No entendía su realidad. Entonces, con que algunas personas se empiecen a cuestionar, aunque no hayan decidido una postura, para mí eso ya es ganancia. 

En lo personal pienso que todo lo que lleve a una conversación va a ser positivo. ¿Qué piensas de los que argumentaron que, entienden tu punto, pero que no debiste de hacerlo público?

Pienso que la neutralidad es peligrosa, porque pone en el mismo lugar a quien está luchando por derechos que a quien se opone. Darle el mismo peso es peligroso, porque era como un “entiendo que estés indignado pero no hagas nada, quédate ahí”, porque “si haces algo vas a lastimar a alguien”. Alguien me decía que no debería de opinar porque no soy homosexual, pero, cuando leí el comentario, me sentí como las personas que viven esa situación, que les están negando sus derechos, incluso en el lugar de alguien que disfrutaba de esos pasteles y vea que la dueña opina eso de él… A mí en lo personal me encantan, y mucha gente me comentaba que son buenísimos, y lo son, yo me lo pierdo, son deliciosos, me gustan mucho, pero ahora, siempre que los vea, los voy a relacionar con estos actos de discriminación.  

Ahora fue, según algunos, un comentario “inofensivo” que “no le hacía daño a nadie”, pero ese es el primer paso para cosas más graves, y ser neutro en estos casos, duele. 

Hay quien argumenta que esta postura es incongruente porque hay muchísimas otras marcas, negocios o industrias que hacen cosas peores y no dejamos de consumirlas…  

Ahí les doy la razón. Honestamente, nos deberíamos de empezar a replantear todo lo que consumimos. Al final cada quien decide qué consumir y qué no, y puede parecer que comer una bolsa de papitas es inofensivo pero implica un montón de cosas: contaminación, salarios indignos, responsabilidad social, comercio justo. Dejar de comprar estos pasteles es un primer paso, porque yo ya decidí que, por las actitudes de la dueña no voy a consumir esos postres, y es mi primera decisión. Es un primer paso de muchos. 

Entonces, ¿me voy a posicionar al respecto? Ahí me queda la duda, ¿hasta qué punto voy a llegar? ¿En dónde termina mi coherencia?

Ir escalando y conociendo las propias restricciones personales… 

Sí, claro, y al final sé que no es fácil. 

Mucha gente argumentaba: “es que solo está dando su opinión”… 

Lo que no entendemos es que una opinión no es inofensiva, lleva una carga, y ella era consciente de que estaba dando su aprobación, usó su libertad de expresión, y nadie se lo impidió, pero, una vez que tu publicas, te abres a todas las personas que están en la red social; no lo envío en un grupo de WhatsApp, no lo dijo en una reunión de amigas, y ellos están tan en su idea de estar en lo correcto que no piensan que afectan a otras personas con lo que dicen. 

Ahí es en donde están los límites de la libertad de expresión: tú tienes el derecho de decir lo que quieras, pero tienes que hacerte responsable de lo que digas.     

¿Por qué no todas las opiniones deben de ser toleradas? ¿Podrías explicarnos la “paradoja de la tolerancia” for dummies?

(Risas). “La paradoja de la tolerancia for dummies”, o como yo la he asimilado, es: ¿qué pasa cuando llegan estos discursos intolerantes? Llegan y empiezan con un “yo no estoy de acuerdo con que los homosexuales tengan ciertos derechos”. Uno como externo puede pensar “yo no voy a hacer nada porque respeto su libertad de decir lo que quiera”. Esa discusión avanza y se transforma en agresiones, y uno sigue sin hacer nada por lo mismo. Mientras más “toleres”, el intolerante se va a radicalizar. 

Muchas veces, o para quienes vieron la infografía de Pictoline, ponen como ejemplo a los nazis. Hubieron países neutrales ante ellos, y al final fueron invadidos, porque “toleraron” a un intolerante. ¿Se puede ser tolerante con los intolerantes? No, porque las consecuencias pueden ser negativas. 

Lo que le indigna a las personas dice mucho de ellas, y aquí hubo quien se indignó por tu tweet y quien se indignó por la opinión de esta persona. ¿Por qué nos indigna lo que nos indigna?

Ahí va un poco de con quién sientes empatía. Leí muchos argumentos sobre que ella es una mujer trabajadora, conocida socialmente, que le da trabajo a mucha gente; por otro lado hubo gente que se identificó con esta minoría. Y los primeros ven a esta minoría como la que quiere venir a imponerles cosas       

La gente eligió bandos, pero en cuestiones de derechos humanos no deberían de haber bandos, deberíamos de siempre luchar por los derechos de los demás. 

Estás personas (LGBT) están buscando ciertos derechos, y la otra parte está tomando esa lucha como una agresión hacia ellos y sus creencias…

Sí, y creo que hace falta dialogar. El problema es cuando uno de los lados nunca ve el derecho del otro.   

¿Crees que la indignación hubiera sido la misma si el negocio o la persona o la familia fueran foráneos?

(Risas). Creo que no, creo que si hubiera sido de fuera no habría este apoyo. Me parece que el Frente Nacional por la Familia o grupos afines no se habrían metido. Es decir, no se habría dado el mismo fenómeno. 

Es un poco relativa la defensa a la opinión de alguien…

Claro, relativo y selectivo. Si hubiera sido un puesto de hot-dogs en el centro de la ciudad no habría recibido el apoyo a este nivel. No se hubieran metido los mismos actores, aunque estuviera en su línea de pensamiento. 

Mucha gente no entendía que tildaran de “homofóbica” la opinión o a ellos mismos por apoyarla, ¿por qué estar en contra del matrimonio igualitario o defender este tipo de opiniones se considera homofobia? 

No te puedo dar ni lo más teórico ni lo más acertado pero, desde mi percepción, es nos vamos a la literalidad de la palabra, y ellos, claramente, “no le tienen miedo al homosexual”, sino que nada más no están de acuerdo con que esta persona tenga derechos. Y ese es el punto. Lo adecuan porque, al final, aceptan la palabra como un insulto para ellos, pero en su forma de ver el mundo no son los malos de la historia, porque están “defendiendo a la familia”. Entonces, como son los buenos, no pueden ser homofóbicos, no pueden ser esa palabra despectiva.   

Se van a la definición de libro sin entender que lo ven como a alguien de segunda, como alguien que está mal, cuando en el fondo están guiados por una brújula moral basada en la religión, y estos no pueden ser sus argumentos. 

¿Qué pasa con quien dijo estar a favor del matrimonio igualitario pero defiende que esta persona dé su opinión?

Las opiniones no son ni inocentes, ni inofensivas, y una opinión claro que puede tener calificativos, claro que puede ser homofóbica, claro que puede ser racista, pero, por conveniencia, quieren que no lo sea. Si fueras homosexual y alguien al lado de ti aplaudiera la opinión de la señora, claro que lo verías mal. Entonces, al final, estás dando tu aprobación. Una opinión no es ajena al contexto, y no hay opiniones a medias. 

Al final ella está opinando que está bien que las personas homosexuales no tengan ese derecho.  

Claro, y no solo eso, sino que estaba bien todo lo que estaba en esa publicación. En lo personal, cuando la leí, no pude evitar sentirme mal, y quien no la vea ofensiva, lo invito a ponerse en los zapatos de una persona LGBT. Y si lo hace, y no siente nada, bueno, creo que ahí hay algo mal… Si no te conmueve, si no te duele… algo estás haciendo mal. 

¿La empatía es la clave de esto?

Sí, es la clave para vivir en sociedad. El problema es que mucha de esa empatía se queda en caridad, y no en luchar por el otro porque lo entiendes. 

¿Nos hace falta empatizar con reposteras que están en contra del matrimonio igualitario?

Yo la entiendo. Entiendo todo su contexto, yo ya estuve en ese lugar. Hace diez años yo pensaba igual, yo era una persona homofóbica, guiado por una educación religiosa. Pero en la actualidad ya hay herramientas para intentar romper con nuestras estructuras mentales. 

Me siento contento de ya no ser esa persona. Y una de las cuestiones que más me ayudó a cambiar mi perspectiva fue ir al penal con un apostolado. Así entendí lo que significa la empatía, poniéndome en el lugar de los internos. 

Entonces ahí empecé a hacer estos ejercicios de empatía, que luego se tradujeron en el otro, en cualquier situación de la vida. A veces también me sirve leer los puntos más radicales para decir “no quiero estar de ese lado”, y sé que aún tengo mucho que cambiar y mejorar. Sí me puedo poner en su lugar, pero eso no significa que esté de acuerdo con ella. 

Y no por eso voy a insultarla o a lanzarle huevos a su local. La manifestación que me propuse a mí mismo fue pacífica. Al final, la respeto como persona, pero no voy a caer en esa neutralidad, yo decidí ya no consumir sus productos y hacerlo público, porque era mi forma de decir: yo no estoy de acuerdo con lo que hizo. 

Mario es comunicólogo y trabaja en el área de atención en línea para procesos de automatización e inteligencia artificial para una universidad. Es cocreador de “Noche de Juegos de Mesa”, evento semanal que ha reunido a más de 100 personas en distintas sedes para crear comunidad y… generar empatía.   

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