Entrevista a Led Varela: “la comedia me salvó la vida”

Por Gallo Molina (joseantoniomolinavega@gmail.com)

*Esta entrevista fue hecha en mayo de 2019.

A veces, las peores situaciones se sobrellevan gracias a la comedia; así como también hay ocasiones en las que se convierten en comedia involuntaria. Venezuela es el mejor ejemplo para ambas. 

Entrevisté a lo mejor que le ha exportado Venezuela a México, el comediante y guionista @ledvarela (Led Varela), para platicar sobre el humor, la política, y cómo ambos encuentran, en ocasiones, la manera de alegrarnos en este valle de lágrimas al que llamamos vida. 

¿La comedia te salvó la vida?

Yo diría que sí pero no en el sentido como si yo estuviese perdido o algo así. Antes de encontrar la comedia yo quería escribir cuentos, siempre quise escribir. Lo que me dio la comedia fue la oportunidad de dedicarme a lo que me gusta y siento que eso es un privilegio gigante que mucha gente no tiene. 

Entonces, en ese sentido siento que gracias a la comedia, o al haber encontrado mi sentido de vida ahí, hallé mucha felicidad y paz. Me ha pasado que hablo con gente que no está clara sobre lo que quiere hacer con su vida y que impresión, que yo sabiendo lo que quiero hacer, y todos los tormentos que tengo, prefiero esos a tener ESE tormento de no saber qué quiero hacer. Así que, yo sí diría que me salvó la vida, o que me dio una razón para vivir. 

¿Cómo es que un arquitecto decidió convertirse en comediante? 

Yo estudiaba arquitectura cuando descubrí lo de la comedia, y tenía un amigo que veía stand up y yo no sabía ni que eso existía. Entonces él me lo mostró y comenzamos a escribir como secciones para radio. Luego supe que estaban abriendo el primer lugar con micrófono abierto de Caracas, y le dije a mi amigo de esto. Él se presentó, porque su sueño era hacer stand up, el mío no, mientras estudiaba arquitectura soñaba con lo cool que podría ser vivir de escribir guiones. Lo fuimos a ver y pensé: “que increíble que mi amigo con el que rebotamos ideas y así, se esté presentando y le esté yendo bien” 

Lo estaba materializando.

Sí, esa fue la primera mitad de lo que me motivó. La segundo fue que, después de mi amigo, se presentó un tipo y dio el show más vergonzoso que yo he visto en mi vida, así que yo dije: “yo lo puedo hacer mejor que este tipo”. Y, a parte, era un tipo de la radio, no un improvisado ni nada, por eso me impresionó que lo hiciera tan mal. 

Y esa mezcla de sentimientos mitad y mitad, fue la que ese mismo día me hizo pedir una fecha para presentarme, sin tener material ni nada. Hice stand up dos veces en una semana, y ya después cuando iba a arquitectura yo ya me sentía como los tipos de Fight Club cuando van al trabajo, en un mundo que no era el mío, completamente desconectado…

Agobiado…

Ajá, y ahí fue inmediato. En 6 meses me salí de ahí, pero desde el principio fue amor a primera vista, desde el momento de ver a Daniel (amigo) en tarima. Sentirme parte de eso era poderoso. 

¿En qué momento murió el “amor al arte” y el stand up se convirtió en un modo de sobrevivir?

Yo siempre había querido escribir. Luego maduró la idea a trabajar en el entretenimiento. Entonces yo veía al stand up como una manera de entrar ahí. Yo sabía que podía hacer reír y pensé: “quizá este es un buen camino”. Yo sentía que el stand up iba a ser el puente a otra cosa, y realmente el stand up lo que se convirtió en mi vida fue len a tierra más firme. 

Cuando ya tenía un tiempito haciendo stand up yo seguía en arquitectura, como que tenía unas tres materias, y me ofrecieron un trabajo para escribir en el Chigüire Bipolar, una página que ya era popular, como una especie de The Onion. Yo iba a ser su primer empleado, ahí fue cuando dije “este es el momento”, deje arquitectura y más nunca pare. 

¿Cómo fue tu transición de comediante cuando Venezuela se empieza a ir a la chingada?

El gobierno venezolano creó una institución que se llamaba CONATEL, que regulaba los medios de comunicación, y ellos hicieron la “Ley Mordaza”, que empezó a poner cosas como que no podías hablar de las protestas para “no generar zozobra en la población”, o sea, era claramente censura pero también era la ley, y tú no puedes violar la ley, entonces era una situación muy loca. En el Chigüire lo empezamos a vivir sabiendo que habían ciertas cosas que ya no podíamos hacer para no meternos en problemas. Metían presos a tuiteros. 

Hubo el caso de un chavito de 14 años que le tuiteó algo a la hija de Diosdado, que es como el segundo después de Maduro, y Diosdado fue a la casa del chavito con los militares y su hija para que el chavito le pidiera disculpas. 

O sea, el chavito se cagó.

Claro, ¡pero es que me cago yo! ¡Se caga todo el mundo!, una cosa terrible. El caso es que empezaron con esa ley y fueron cerrando medios. Los medios televisivos estaban en la mira y, el programa en el que yo trabajaba que era Chataing TV, un Late Night súper crítico del gobierno, tenía como tres meses antes del cierre del programa en el que el canal ya nos había avisado de las quejas del gobierno. Y es que el gobierno los amenazaba con quitarles la concesión de la señal, y sin eso no existes, el único canal que se rehúso fue Radio Caracas Televisión y lo sacaron del aire, es como si aquí sacarán del aire a TV Azteca. 

Y hubo un día en el que hicimos un chiste sobre un reporte del gobierno, haciendo alusión a que era un Art Attack sobre cómo hacer una prueba incriminatoria (Led gesticula): “¡Agarramos la foto de quien queremos incriminar!” Y esa fue la gota que derramó el vaso. 

Esa es la diferencia que yo encuentro entre los países desarrollados y subdesarrollados, que un acto abierto de censura, que deja sin trabajo como a 50 personas, fue la noticia de tres días en Venezuela. Un amigo una vez tuiteó respecto a un fraude electoral en el que las máquinas estaban manipuladas: “La estafa de unas elecciones así sería la noticia de una década en cualquier país. En Venezuela es la noticia del miércoles”. 

Cuando hay un nivel de pobreza tan grande, la lucha por cosas como la libertad de expresión, que no son palpables, que no son comida, agua, luz, pasa como algo “equis”, “lo que nos tiene mal es que no haya agua”, ¿sabes? Es interesante porque ves cómo, si bien es un suceso grave, tú pensarías que el impacto sería mucho más grande en la gente y realmente no. 

Eso te habla de algo muy cabrón, de cuando dejan de importar algunos derechos humanos.

Te habla de algo muy cabrón de nosotros mismos, o sea, dejamos de tener empatía por más nadie. Cuando terminó nuestro programa, fue una noticia e hizo ruido, pero no el ruido que tenía que hacer. No hubo ni una crónica seria. 

Tu humor es bastante ácido, ¿todavía tiene cabida el humor negro en los tiempos de la corrección política?

Yo creo en hacer chistes sobre lo que sea como ley de la comedia. Si tú quieres hacer un chiste sobre cualquier cosa, el público es tu juzgado. Si el público se caga de risa, va. Y te podrán decir: “Es que ese chiste me pareció”… Equis, párese usted en la tarima y corríjalo con otro chiste, pero no me digas cómo hacer mi comedia. 

¿Hay límites?

El límite es lo lógico. Si a alguien se le murió un bebé no vas a llegar a decirle “Aaaay, se te murió tu bebé, se va a ir al cielo rapidito porque es ligerito” o no sé, cualquier cosa, es obvio, es tan sencillo como tener criterio o empatía. Es saber cuándo la estás cagando, que es cuando no das risa. 

¿El humor negro está destinado a morir?

No lo creo, la corrección política me parece una cosa cíclica, puede durar unos años y siempre hay una contracorriente que lo tumba y establece toda otra cosa y eso domina un tiempo hasta que viene otra. Es como la izquierda y la derecha, ahí se van equilibrando. 

Como cuando en un país hay un gobierno de izquierda, la gente se harta, y entra uno de extrema derecha.

Exacto. Porque la comedia al final se mueve dentro del mundo del entretenimiento, se nota mucho en los programas gringos y su tendencia de izquierda, super progresista, y los afecta porque la comedia es reacción, entonces cuando la comedia se mete a esa ola puede caer en ser aburrida. 

Para cerrar, como venezolano y desde la perspectiva de alguien que ya vivió el como un gobierno de izquierda se fue a la mierda, ¿qué opinas del gobierno de AMLO?

Cuando estaba sucediendo en Venezuela, la gente más paranoica lo comparaba con Cuba. Y yo, en ese momento, pensaba: “Por favor, Venezuela no es Cuba”, igual que ahora decimos “México no es Venezuela”. Esa es una forma de asumir el tema, es decir “yo no me voy a ocupar de eso”, porque hay una “fuerza mayor”. O sea, una gente intentando hacer algo, y tú lo ves, yo lo vi durante 20 años. Después de 20 años has visto todas las etapas, entonces lo que asusta es lo idénticas que son las etapas que tiene el gobierno de AMLO con el gobierno de Chávez cuando empezó. Es ahí donde me queda claro que son el mismo tipo de gente. Que vienen a aliarse con los militares y a adueñarse de los planes sociales para tener el control de los votos y la población, y llegan para quedarse. 

La gente que realmente ama a ese tipo de personaje, y de nuevo, esta es mi opinión, no quiere ver al personaje salvando al país, quiere ver al personaje arruinando a toda la gente que tenga dinero, a todo el que tenga lo que yo no, y eso es lo que ellos prometen, y eso es lo que ellos hacen. En ese sentido, él ni siquiera está incumpliendo sus promesas. 

¿México se va a convertir en Venezuela?

Yo diría que no. Pero, para alguien que ya ha vivido 4 golpes de estado, sí creo que México es un país mucho más estable en ese sentido pero que está al borde del abismo, que con dos movidas erróneas se puede ir por un camino feo e innecesario para todo el potencial que tiene. 

Yo decía que Venezuela es como en la última película de Jurassic Park cuando escapan en unos barcos y se queda un dinosaurio solito en la isla (Led gimiendo como dinosaurio), yo siento que esa es Venezuela, y que el resto de Latinoamérica partió del muelle hacia el progreso. 

Led es guionista y comediante de stand up. Tiene un podcast llamado Bla Bla Bla disponible en todas las plataformas.

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