La utopía de vivir en modo avión

Un rant que se convirtió en comercial

Por Gallo Molina

Si uno googlea las palabras “WhatsApp” y “Vacaciones” aparecen cientos de artículos que mencionan un, aparente, “modo vacaciones” para la aplicación. Éste consiste en la posibilidad de archivar todos los chats sin que aparezcan nuevamente en tu feed al recibir un mensaje.

Entonces pensé, “¡perfecto! Igualito que silenciar a alguien en Twitter”, pero no. En la pestaña de “Archivados” continúa apareciendo un número que indica cuántas conversaciones están “activas”, o sea, que tienen mensajes no leídos. Y si eres alguien tan obsesivo con eliminar notificaciones como yo, pues, no hay escapatoria. Es imposible huir. No existe una excusa lo suficientemente poderosa, y aún no desarrollamos una manera bonita de decir “simplemente no quería contestarte”. 

Pero esta sensación de persecución no es nueva. Para los —ya no tan jóvenes— que tuvimos Blackberry (y recordamos en dónde estábamos el 11 de septiembre del 2001) es bastante similar el sentimiento de invasión constante a nuestro silencio/espacio personal. Tener una conversación fluida (cosa que era imposible a través de los mensajes de texto) y el poder usar emojis, era lo más cercano a chatear por Messenger sin necesidad de estar sentados frente a una computadora de escritorio. 

Justo ahí comenzó el calvario. No hay forma de desaparecer aunque sea un rato, ni siquiera en vacaciones. Tendríamos que viajar a un lugar bastante ajeno, sin wi-fi ni señal. ¿Por qué nadie ha pensado en abrir un resort accesible cuyo plan vacacional sea smartphone free? Sería exitosísimo: ¿qué tal pasar una semana sin tener que contestar ningún mensaje? Siete días en modo avión. Te prometemos unas vacaciones sin “última conexión”, “palomitas azules” o “¿te acuerdas de mí? Éramos amigos”. ¡Llama ya!

Se me ocurren algunas amenidades de lujo:

“Haz a un lado la presión de contestarle a tu jefe inmediatamente (porque podremos quejarnos de los mails pero, ahhh, como se extraña ese lapso de tiempo permitido para darnos la oportunidad de responder adecuadamente) y deja que la vida fluya. Tu jefe deberá de hacer un ejercicio mental: imaginar que tú estás en coma”. 

“¡Ya no más desinformación! Sin WhatsApp no tendrás que tolerar links, notas de voz o mensajes en sí cuya autoría es desconocida pero que afirman pura barbaridad. No más tías, mamás, papás o abuelitos incrédulos con los cuales discutir sin llegar a ningún lado. Abandona de ese grupo familiar, sin pena”. 

“¿Quién no se ha despertado a las 7 a.m. con varios mensajes esperando ser respondidos? Todos hemos sido víctimas de ese atraco porque, ¡la gente no sabe diferenciar entre trabajo y vida personal! Así es, en el mismo lugar donde tus amigos mandan memes, un neurótico te pregunta si puedes conectarte “un momentito a un Zoom rapidísimo”. Acostumbra a tu cerebro a diferenciar lo urgente de lo importante, y lo importante ¡eres tú!” 

Suena prometedor. Me encanta la idea de pedir un coctel sin pensar que tengo que tomarle una foto, pero si no le tomas foto, ¿en realidad te tomaste ese coctel? Y cuando se terminan tus vacaciones, ¿qué sería peor? ¿Tener una bandeja repleta de mensajes o no haber recibido ninguno? A los treinta, cuando lo único que quieres googlear es la palabra “vacaciones”, definitivamente ninguno.

Nos leemos en Twitter: @gallo_molina

Portada: Miguel Porlan

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